Un feroz asalto fue ejecutado ayer por la mañana en la zona de Plaza Perón por un grupo compuesto por al menos dos delincuentes armados, que actuaron sin piedad y sometieron a un trato inhumano, tanto al dueño de casa, un ex representante de la Iglesia, como a dos de sus colaboradoras.
La situación de inseguridad se caracterizó no sólo por la decisión con la que actuaron los ladrones, sino que también por la sincronización y rapidez de sus acciones y por la estrategia que utilizaron para acceder a la vivienda.
En este sentido, los investigadores no descartan la posibilidad de que los agresores contaran con información referida a las personas que residían en la casa ubicada en 62 entre 24 y 25 y los horarios en los que se producían ingresos y egresos.
Este razonamiento se desprende del modo en el que se llevó adelante el atraco.
Cabe destacar que en la actualidad, el religioso se encuentra afectado por una situación de salud muy delicada. A raíz de ello, debe ser asistido permanentemente por personal sanitario.
Los investigadores creen que esta fue la circunstancia que aprovecharon los intrusos para tener acceso a la morada y dar el golpe sin grandes esfuerzos.
José Expósito
En enero del 2020 esta propiedad había sido asaltada por dos “polichorros”, que se llevaron más de medio millón de pesos de aquel entonces. Una fortuna.
Quizás creyendo que volverían a encontrar una fuerte suma de dinero, como sucedió hace casi tres años, los delincuentes ingresaron a la propiedad tras saltar la reja instalada en el frente, una estructura de más de dos metros de alto.
Todo apunta a que lo hicieron cuando aún imperaba la oscuridad probablemente para que nadie en el barrio advirtiera la maniobra.
Luego de superar este escollo, se cree que aguardaron agazapados en el patio durante al menos dos horas hasta que, a eso de los seis de la mañana, se produjo el cambio de turno de las cuidadoras.
Si bien había comenzado a aclarar, en ningún momento la mujer se dio cuenta de que había dos desconocidos en el patio.
Luego de cerrar el portón principal, se dirigió a la segunda puerta.
Apenas la mujer puso la llave, los delincuentes abandonaron su escondite y se lanzaron al ataque.
De un momento a otro, quedó a merced de dos desconocidos encapuchados y armados que la escoltaron hasta la habitación a la que debía acudir para relevar a su compañera.
Inmediatamente los sujetos pasaron a la acción.
Sacaron precintos de entre sus prendas y ataron a las dos empleadas de pies y manos.
Luego dieron inicio a un feroz interrogatorio en el que sobreabundaron los gritos, los insultos y las amenazas de muerte.
Tras entender que las mujeres estaban en ese lugar por una cuestión laboral y que poco sabían sobre los teje y maneje de la casa, la emprendieron contra el hombre.
Con un total desprecio por la vida humana, los sujetos maltrataron al hombre en estado convaleciente.
Para terminar con el angustiante momento, como pudo el hombre apuntó hacia el lugar en el que se encontraban guardados sus ahorros.
Todo apunta a que los ladrones consideraron un insulto los 25 mil pesos hallados en un cajón.
Así que subieron el nivel de violencia contra el religioso.
Luego de golpearlo, lo sacaron de su cama y pese a que prácticamente sus posibilidades de movilidad están reducidas a cero, también le colocaron precintos.
Con todos los habitantes de la casa inmovilizados, los sujetos se abocaron a revisar cada rincón de la morada con el objetivo de hallar objetos de valor que pudieran agrandar el botín.
Todo lo que reunieron lo guardaron en dos valijas y abandonaron la escena.
Entre los objetos que desaparecieron se encuentra un iPhone 8 de color blanco, documentación y un sagrario dorado.
Un robo en verano
Se trata del segundo episodio de inseguridad que sufrió este religioso.
El anterior hecho tuvo lugar el 20 de enero del 2020 y fue ejecutado con el mismo nivel de violencia.
En aquella ocasión, Expósito fue sorprendido por dos delincuentes armados que además golpearlo ferozmente, lo maniataron y torturaron para que revelara dónde tenía guardados sus ahorros.
Todo sucedió en horas de la mañana.
El párroco se encontraba tomando mate en el patio de su residencia aprovechando que la temperatura aún se mantenía por debajo de los 25 grados.
Fue en ese marco que los sujetos se presentaron en la vivienda y le advirtieron que lo matarían si no cumplía con sus exigencias.
En ese episodio torturaron a un hombre de 51 años durante más de una hora.
Los ladrones estaban convencidos de que el Expósito tenía una fuerte suma de dinero en su casa.
De hecho le indicaron que habían ido allí con un dato. Para hacerle entender que iban en serio comenzaron a golpearlo.
Tras llevar a cabo esas torturas consiguieron lo que buscaban.
Un vocero judicial refirió que “el total del dinero que robaron alcanzaba los 500 mil pesos”.
Si se toma el precio del dólar del mercado paralelo en aquel momento, $77, y se lo compara con la cotización del pasado viernes, $500, en la actualidad el botín rondaría los 3.225.000 de pesos.
“Por lo menos la cuento. Gracias que tenía un poco de plata que había sacado del banco y otro que traje de España, porque si no me mataban”, reflexionó el religioso, aquel 20 de enero cuando fue entrevistado por este diario.
“Es un país difícil”, remató.
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